LAS ALMAS PACÍFICAS Y LA VIRGEN DE LOS REYES por Mª Elena Moreno

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Hay almas que extrañan la alegría de la Virgen de los Reyes cuando comienza el periodo de la Bajada y recorre los senderos, caminos y pueblos, dentro del Santo Guincho rodeada del júbilo de los bailarines y fieles que la acompañan.

No hay nada más bonito que verla rodeada de las brumas del atardecer y las luces del poniente, unas imágenes que se instalan en nuestras pupilas y que se llevan siempre dentro del cerebro y del corazón.

Nada más impresionante verla a la cabeza de una hilera serpenteante, que cruza los caminos cuando la hierba se tiñe del color ocre del verano, salpicadas las veredas por el verde intenso de higueras, morales, pinares y otros árboles que llenan de belleza los horizontes herreños ante los incrédulos ojos de los que siguen su romería, incansables, hasta el final de su camino, cuando se encienden las lucen en Valverde y la Virgen entra en La Parroquia de La Concepción.

Las almas pacificas y creyentes se bañan de lágrimas y de humildad, porque han hecho sus actos de contrición para presentarse ante Ella con la Gracia santificante que caracteriza al pueblo herreño. Y este año aciago por la enfermedad, es objeto de tristeza, sobre todo porque la que esto escribe es un ejemplo de haber recibido su gracia y su milagro y esperaba con impaciencia poder cumplir la promesa ofrecida a sus pies, se que no soy ni la primera ni la última, pero podremos elegir entre muchas maneras, de ofrecer plegarias y otros presentes, el más importante, un corazón lleno de amor y de espíritu de entrega hacia el divino mensaje de su Hijo, ese niño que lleva en brazos y que nunca debe pasar desapercibido, pues forma un todo en su Imagen y Figura.

La Virgen siempre ha sido centro de polémica, no solo en la «Bajada» propiamente dicha, pues las pasiones afloran a veces, sino porque algunos seres oportunistas, los menos, todo hay que decirlo, la han utilizado sin escrúpulos para conseguir protagonismos y otros intereses. Yo por si acaso, quiero recibir su mirada y siento no solo temor de Dios, sino terror de ser apartada de su bendición y de la promesa del cielo prometido. Por eso, La Virgen de los Reyes, al llevar al Niño en sus brazos, nuestro Pastor de almas, potencia aún más su poder y su gloria.

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