CHARLA AMENA, por María Elena Moreno

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Asistí el pasado Viernes, a la charla que anuncié a través de este medio en dias anteriores, la cual desarrolló una profesional de la psicología, Tamara Hernández Baute, trabajadora de la Asociación Española Contra el Cáncer y centrada en los «aspectos psicológicos, la persona con cáncer y su familia». Fue en el salón de plenos del Ayuntamiento de La Frontera y para la calidad de la exposición y su interés, dada la cantidad de enfermos que hay en la isla, asistió muy poca gente.

La antiguedad de este colectivo, que yo escuchaba de niña por todas partes, pues se anunciaban con intensidad y ejercían postulados con banderitas, que te trababan con un alfiler en tu hombro cuando dabas el donativo. Sus mesas, instaladas al efecto por todas las ciudades y pueblos de España, eran factor común, cuando se celebraba el día del Cáncer, siendo estos puestos al aire libre presididos, unas veces por personajes famosos, como algún aristócrata, u otras veces por actrices o actores de solera etc. que salían desinteresadamente y recaudaban fondos para esta lucha universal, que me consta, llenan el vacío de diferentes capítulos en la persona con cáncer, asesorando, apoyando, invirtiendo en la causa, siendo esta asociación muy conocida por todos en nuestro país.

La charla en sí misma, fue completa, bien documentada y entretenida, abarcando toda la materia relacionada con los procesos de este mal, que ha atacado a la humanidad desde la noche de los tiempos y que ahora arrasa, teniendo en cuenta el hacinamiento en salas de espera y consultas oncológicas de nuestra sanidad.

Incluso yo, que he estado inmersa en un proceso de este tipo y creo que tengo experiencia, capté cosas interesantes que me constataron conceptos que tenía solamente hilvanados en mi memoria. Pero al final de la charla y contando con la amabilidad de Tamara, una persona muy agradable y bien informada, mostré mi opinión sobre la realidad paralela que protagoniza nuestra sociedad en crisis, la lentitud provocada por la pandemia, y los intereses creados por una sociedad donde el enfermo, haya o nó cotizado, es sujeto de la presión que ejercen los laboratorios farmacológicos en todo el sistema, situando al canceroso en un área de vulnerabilidad, por una libertad cercenada por presupuestos, experimentos poco éticos y otras situaciones tóxicas con las que el aquejado de este mal, tiene que enfretarse a lo largo de todo el proceso de su enfermedad, y que le rodean sin que él o ella tengan constancia de que están ocurriendo a su alrededor.

Es un aspecto que eché en falta y que esta asociación, hoy en dia poderosa por la antiguedad que tiene y los medios conseguidos para ello, intente mejorar e intervenir si es posible, para que en los hospitales se personalice el historial médico de cada individuo, y dar soluciones a los usuarios y demandantes del sistema sanitario actual, ya que son víctimas de la gran maraña de servicios aplicados pública y privadamente, los cuales han descendido en calidad, por infinidad de aspectos que ahora no voy a mencionar.

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