SIN SER BURRO, ME ABURRO. Por Mª Elena Moreno

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En un texto para afianzar las prácticas de taquigrafía por los años setenta, un párrafo muy didáctico y pedagógico, en tono humorístico, decía que aburrirse venía de burro, pero la etimología de ese verbo dista mucho de ese significado.

Sin embargo, el aburrimiento está cambiando el rumbo y dirección de muchas vidas y destinos. Por aburrimiento se dan salidas a paliar esta sensación anodina, muchas personas han triunfado por querer apartarse de tedios y otras sensaciones amorfas y de creatividad cero. Los deportes, las artes y las profesiones, palian el aburrimiento, pero el trabajo no elegido, y los esfuerzos impuestos a los individuos en el estudio y en las tareas remuneradas nos hacen caer en el desánimo. Muchos religiosos que ingresaron en órdenes sin vocación, lo hicieron porque se aburrían del sufrimiento mundano, de la ignorancia, o de la vulgaridad. Los que eligieron dedicar su vida a Dios en conventos y monasterios, por deseo de silencio y recogimiento, a la vez de gozar de una alta espiritualidad, desarrollaban trabajos de enseñanza, jardinería, cocina; que les daban una dulce sensación de ser útiles y ganarse el pan en medio de la oración, y otros, se dedicaron a expandir la fe en continuas misiones por el mundo. Todos, todos huían del aburrimiento. La creatividad no se lleva bien en medio del tedio infinito de la rutina estéril y la sequedad de corazón.

En pleno siglo XXI ha ocurrido lo peor, el hombre se aburre del hombre. Los excesivos medios de comunicación, internet y redes, han saturado el conocimiento de la imagen que ofrecen nuestros semejantes y el espejo que nos refleja en las relaciones con ellos. Ahora el aburrimiento se traduce en cambiar de vida, divorciarse, traicionar, marcharse, huir de nosotros mismos y de los demás. Todo ello contribuye al caos y al desorden.

Un ejército de personas superficiales, invaden la faz de la tierra. Otros nos aferramos a la búsqueda de la verdad y nos incorporamos a las huestes de los desadaptados. Unos y otros podríamos curar nuestras almas si cargáramos nuestro ser con el combustible de las pilas del amor. ¡Es dificil! ¡Lo es! porque el amor trabaja y se ejercita a través del contacto con nuestros semejantes más cercanos, y lo peor que nos puede pasar es que éstos nos lleguen a aburrir. El amor se trabaja con el conocimiento de nuestros hermanos, pero a menudo éstos nos cansan, colapsamos en nuestras relaciones y nosotros hacemos lo mismo con ellos, les aburrimos. Y en la huída y en la buúsqueda dentro del mercado libre de personas, seguimos desencantándonos igualmente, si nó es en una época es en otra, si no al principio, propiciamos la ruptura y el final.

El Santo Grial, lleno del elixir de la felicidad, la creatividad y el amor, se llena con la satisfacción del sacrificio que da frutos, la serotonina del esfuerzo personal, la certeridad de nuestros pasos, el respeto por el libre albedrío, el control de nuestras emociones, la generación de principios bien orientados, la elegancia interior, la generosidad sin propaganda, y la Fe. ¿Imposible? Podemos probar.

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