LA FIESTA DE LOS REYES

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CRÓNICAS PRETÉRITAS

Por Donacio Cejas Padrón

FIESTA DE LOS REYES EN LA DEHESA

El pasado veinticuatro de septiembre fue La Fiesta de Los Reyes, declarado festivo a todos los efectos en nuestra isla desde muchos años atrás, y aunque no pudieron celebrarse los actos lúdicos de otros tiempos, si pudo celebrarse La Santa Misa en el patio exterior del Santuario, con asistencia de muchos fieles, que de todos los pueblos de nuestra isla acudimos a acompañar a La Madre Amada en su fiesta principal, hubo que adaptarse el aforo a las normas impuestas por la situación sanitaria que aún padecemos .

Antaño La Fiesta de Los Reyes era un acontecimiento religioso y social de gran solemnidad, pues desde todos los pueblos de la isla, acudían peregrinos que desde el día anterior, unos caminando, otros en sus bestias, y más tarde, ya en vehículos, le daban un gran colorido a la fiesta, con grupos de jóvenes cantando durante el recorrido, había baile por la noche en las afueras del Santuario, ventorrillos y una gran animación, a lo largo de la noche iban llegando caminantes que desde sus pueblos partían en grupos ansiosos por llegar a La Dehesa.

Yo acudí por primera vez a esa fiesta en 1,963, y todavía recuerdo con gran nostalgia aquella bonita fiesta, la cena en las cuevas donde se dormía después en camas improvisadas, en grupos familiares o de amistad, algunos vecinos tenían sus propias cuevas, como mi tío Marcos Cejas, que preparó una gran cena con carne de conejo y papas arrugadas, sin faltar el vino de la tierra para inspirar las canciones mejicanas que eran moda en aquellos tiempos, mientras que gran número de vecinos permanecían toda la noche acompañando a La Virgen, muchas veces cumpliendo alguna promesa hecha a La Madre en trances difíciles de la vida, al amanecer había una misa que llamaban de peregrinos, y otra al mediodía diríamos, la Misa Solemne, con presencia de las autoridades insulares, y acompañada la procesión por bailarines de todos los pueblos.

Una vez terminada La Misa y Procesión, era la costumbre comer por las cercanías del Santuario, en grupos familiares o de vecindad, y en la tarde partir hacia Sabinosa caminando para gozar la luchada allí y el baile por la noche, y al otro día, el 26 otra luchada en La Plaza de Tigaday, que enfrentaba a dos conjuntos de diferentes pueblos de la isla, y de nuevo baile en los Casinos de Belgara y Tigaday, terminando ese día la época de las fiestas del verano en El Golfo, pues ya era momento para iniciarse Las Mudadas desde Frontera hasta los pueblos altos de la isla, los vecinos de Las Lapas, Los Mocanes y Las Puntas para El Barrio, los de Belgara Baja para Isora, y los de Los Llanillos para San Andrés, ya para esos días habían terminado las vendimias, se habían plantado las papas tempranas, y era hora de empezar en los pueblos altos otras tareas agrícolas propias de esos lugares.

Recuerdo como pasaban por mi casa de El Hoyo grupos de vecinos arreando a sus animales camino del Risco de Jinama, aunque ya para comienzos de los años sesenta, esas mudadas se hacían en los camiones que ya para entonces había en nuestra isla.

También era La Fiesta de Los Reyes la que despedía a los jóvenes emigrantes que venidos de Venezuela de vacaciones habían de regresar a sus ocupaciones en aquel querido país, en espera casi siempre de volver para la siguiente Bajada de La Virgen.

Los veranos de aquellos años, eran fechas para iniciar noviazgos que la mayoría de ellos terminaban en matrimonio, y así muchas jóvenes casaderas contraían matrimonio con los chicos venidos de Venezuela y marchaban a tierras lejanas aumentando la colonia canaria en Caracas y otras ciudades del país dejando atrás a sus padres y familiares en un rito que se sigue cumpliendo, los padres criamos y formamos a nuestros hijos, y ellos después emprenden sus vuelos, buscando su futuro y el destino que les aguarda.

Quiera Dios, que ya el próximo año la situación sanitaria haya mejorado, y se pueda volver a celebrar

La Fiesta de Los Reyes como siempre la conocimos.

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