EL POSTIGO DE LA LUZ por María Elena Moreno

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A través de mis postigos, claraboyas de luz, por donde de niña contemplaba el cielo, me llenaba los ojos de la luz del sol, ahora esa claridad me llega desde la pequeña ventana de mi ordenador, que en cuestión de segundos, se abre en la inmensidad de todo tipo de noticias, ciencia, historia, leyendas y publicidad. He podido centrarme en personajes como el chef José Andrés y su generosidad con la tragedia del volcán de Cumbre Vieja. He sumergido mi curiosidad ante héroes de la interpretación, le he tomado el pulso a la actualidad que bulle en nuestro mundo, fustigado por todo tipo de contratiempos, azotes geológicos, vulcanológicos y meteorológicos; dislates políticos, globalizaciones codiciosas y turbias, descubrimientos de los mundos oscuros, proyectos megalómanos y todos aderezados con la involución de unas mentes que crecen de forma dispar, sin armonía, sin filantropía, sin la claridad de las puertas del alma por donde ya no entra la gracia de Dios.

Mi postigo se torna inquietante, a pesar de que mi espíritu se encuentra en zona de quietud. Mis pequeños ventanales, me aislan, a la vez de que me comunican a un mundo que quizás pertenezca a un universo paralelo, según las nuevas tendencias que se forjan en las mentes avanzadas que estudian el espacio, las cuales ulilizan su comprensión, para encontrar quintas dimensiones, vibraciones hipotéticas, rincones vacíos del Cosmos, agujeros magnéticos que engullen materia densa, pesada e incandescente…

El postigo es pequeño, la inmensadad interminable, las posibilidades infinitas…El amor permanente, su búsqueda constante….

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