EL TEMA TABÚ, por Mª Elena Moreno

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La gran mayoría de las personas temen enfrentarse con la realidad. Se suelen reprimir en el subconsciente los traumas y visiones que luego libera el psicoanálisis. Pero sin ir tan lejos, en la vida cotidiana y sin tener la pretensión de hacer un viaje a través de la mente humana, nos situaremos en los temas tabú. Son muchos los periodistas, escritores, sociólogos y políticos que manifiestan tener ocultos temas que prefieren no «tocar» pues se conocen a sí mismos y quieren evitar el riesgo de perder el control y perder los papeles. Podríamos denominarlos temas intocables. Pero si nos fijamos, ésto que se trata de ocultar, nos aporta una información muy valiosa para los que intentamos «leer entre líneas» en este caso, interpretar lo que se tapa, se oculta o se reprime. Leer los gestos de las personas, para que observando aquello que crispa y desata los nervios, es lo que más nos puede revelar y traducir. Algunos incluso reciben ondas telepáticas, y muchas más cosas de las que no somos realmente conscientes, informándonos, sobre la marcha, de quién tenemos delante.

Escuché decir a un escritor (en esto coincide con muchas personas) que nunca toca lo relacionado al maltrato animal y la otra cosa el aborto. Dos conceptos que a él le desestabilizaban por ser en extremo sensible, ya que tenía la experiencia de que al poco de empezar a exponer, de inmediato se desataban las iras, debido a que conllevan teorías, opiniones encontradas y pasiones en los debates, dificilmente objetivas. Otros tienen el buen gusto de no tocar su ateísmo, su signo político, sus tendencias sexuales, o simplemente su vida privada. Parece que cuando una persona comenta con naturalidad ciertos temas, por muchos considerados intocables, sin alterarse, posee una personalidad saludable y equilibrada, a la vez que muy culta.

Todos escondemos un punto debil, al que es mejor dejarlo entre bambalinas o simplemente obviar.

Hay algo que suele destapar la botella de nuestra voluntad de silencio y es cuando se bebe demasiado. Normalmente el exceso de alcohol, libera los silencios y sale a relucir sin querer, la soledad que padecemos, la frustración, las carencias y lo que es peor, se pierde totalmente la compostura, aflorando aquello que, cuando estamos sobrios, cerramos tras una puerta hermética que nunca queremos volver a abrir, ni sacar a relucir los complejos que hay en su interior. Podríamos simplificar llamando miserias a todo comportamiento que se exhibe sin censura, demostrando cual es nuestra verdadera personalidad. Casi es mejor vivir en un limbo donde aceptemos a los demás corriendo «el tupido velo» pues si desarrollamos en exceso la intuición a primera y segunda vista, corremos el riesgo de hacernos totalmente insociables subiéndonos en un ridículo pedestal que no nos conviene en absoluto.

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