REPASEMOS, Y ¡A REFLEXIONAR!. Por Mª Elena Moreno.

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A veces, nos sorprendemos cuando recibimos un trato inesperado. Un rechazo incongruente, un jarro de agua fría. Salvo las excepciónes de la regla, que son muchas, más de lo que contemplaría la generalidad de la norma, suele ser por la falta de memoria. Sí, cuando tratamos mal a alguien, o a sus familiares muy queridos, se desencadena un rencor dificilmente superado por el sujeto pasivo que ha recibido la injuria o patujada.

Conviene revisar nuestro comportamiento diario, pues cuando recibimos una ofensa, de inmediato esperamos la disculpa, si nos han proferido una infamia o un hecho injusto y por el contrario, nuestro comportamiento ha sido el correcto, a veces nos conformamos con la petición de perdón.

Si no llega la excusa, si no hay contricción del atacante directo o indirecto, el agravio no tiene límites.

Reaccionamos según nos dicta nuestro carácter, nuestra personalidad. Si nuestra estima es baja, a veces actuamos como el saco de entrenamiento de un boxeador y aguantamos la intemerata, como si fuéramos un felpudo humano donde como dice el Dalai Lama: » ¡No permitas que te utilicen de basurero mental!» Eso es, que tiren los despedicios, las neuras, la ira y los hierbajos en otra parte. Si corregimos nuestra forma de pensar y reflexionamos, podemos aplicar la sencilla fórmula, que incluso cualquier ciudadano de a pie, con las luces simples y llanas, practica: «Trata igual que como te traten» . ¡Que simple! Pero que bien funciona.

Y refiriéndonos a la memoria, procuremos no pedir favores al que hemos agraviado, pues él si tiene memoria, en el mejor de los casos ha perdonado, pero no olvida. Y tú, inflado petulante, no te extrañes de que te ignoren, no ves que tu cosecha se basa en la inexistente o mala semilla, que sin germinar, ha dejado tus campos yermos, donde nada pudiste plantar, salvo tu codicia, tu mala intención y tu egoísmo.

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