LA VITRINA DEL COLECCIONISTA por Mª Elena Moreno.

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EL COLECCIONISMO, OTRA CLASE DE AMOR

Muy pronto, me di cuenta de que podía leer dentro del corazón de los coleccionistas. Desde el orgullo de los que acumulan fotos familiares, algo así, como adentrarse en su estirpe o árbol genealógico, hasta los aficionados deportivos guardando, uno a uno, los escudos de los diferentes clubes de fútbol. Ya se acumulen joyas o monedas, se tiene sin duda ninguna, un gran sentido de la economía, por lo de la revalorización. No tienen imaginación los que acumulan dinero en el banco, a costa de no atender las necesidades de sus familiares, pues nada se pueden llevar cuando estiren la pata. Y así y así, los filatélicos, un poco más románticos, con obsesión por las fechas, antiguedad, valor e imaginativas impresiones, pues saltamos a los que coleccionan postales y te fingen amistad, hasta que te seducen para que saques del album, esa postal de la Plaza de los Patos en Santa Cruz de Tenerife, de cuando todavía se sacaban en blanco y negro. ¿Que hay de manía, o de sentimentalismo?

Aquella que siempre vivió de alquiler y se mudó muchas veces, colecciona casas de muñecas, de la época victoriana o de inspiración campestre, todas le valen, para sentir seguridad y calor psicológico. El que coleccinaba mecanos y se dió cuenta que valía para arquitecto, los arriesgados cazamariposas y los ambiciosos taxidermistas con algo de vampiro y predador. Todos, todos llevan el cante en sus actividades a veces ocultas. Aquello que te marcó y te hizo belenista pero no por ello más cristiano.

Los ridículos colecionanovias, porque no podían retener a ninguna, los anodinos de las cajas de fósforos, los ricachones que invierten en picasssos, renoires, monets, esos siempre metidos en las intrigas del alza de los precios y el temor a las copias falsas, dudando de todos y todas…

En fin, no se que te harían si te trincan tirando un Mortadelo y Filemón de cuando eran niños a la basura, o haciendo lo mismo con un Capitán Trueno.

Todos los coleccionistas me son simpáticos, pero a los que no soporto, son a los simples simplicisimus, que todos los días limpian, tirando al contenedor, las cosas de otros, para despejar, limpiar y ordenar.

El coleccionismo es tan expresivo, que sirve para despejar incógnitas y crímenes, como el que curtía pieles humanas de mujer en la pelicula «El Silencio de los Corderos». No diré lo que yo guardo con primor, pues es tan simple y sencillo que me da verguenza decirlo, me quitaría catgoría por su signifiado elemental, je, je.

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