INTRANQUILIDAD RATONIL por Mª Elena Moreno.

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Mis primeras experiencias en relación a conocer una gran variedad de personas, fueron entre familiares, profesores y vecinos. Nadie era perfecto, como tampoco lo era yo, pero echando una mirada hacia el pasado, podías establecer una buena conversación cuando te encontrabas frente a ellas y ellos. Todas esas personas tenían habilidades y pasatiempos coherentes con la combinación entre su trabajo y tiempo libre. No quiero hablar de sus valores morales, ni de sus lujos o sacrificios, solamente de cómo podías acceder a su atención, hacerles preguntas o establecer una charla, cuando pasabas casualmente bajo su ventana camino de tu casa, o incluso cuando te los encontrabas en el rellano de la escalera. A veces se mostraban curiosos, otras te contaban alguna preocupación o te mostraban alguna queja. Ahora se sigue dando lugar a dar los buenos días o desear un feliz año nuevo, pero exactamente no sé por qué, hay un sector de conocidos, que te hablan mirando hacia los lados, como con ganas de escapar. Algunos manifiestan que se van de viaje continuamente, otros que les urge comprar algo o ver a alguien…A mi me pasa igual, todos queremos distraernos y evadir nuestras preocupaciones, lo que ocurre es que busco mejor la tranquilidad y la plácida soledad. Quizás sea porque cumplo años y ya casi nada para mí es nuevo.

Volviendo a la intranquilidad ratonil, es un mal que aqueja a los saltimbanquis, a los que revolotean de un tema a otro y picotean en medio del diálogo, haciendo preguntas sin esperar las respuestas, que no sientan el culo en ninguna parte, que cambian continuamente de tématica y miran alrededor como buscando la oportunidad que parece no llegarles nunca. Te da la impresión de que están en otra parte, de que nada del entorno les interesa. Llegas a pensar que eres insignificante para él o ella, pero luego otras personas te cuentan lo mismo, los definen más o menos así, como tu los diagnosticas y entonces caes en la cuenta de que es un comportamiento usual en ellos mismos. No profundizan en ninguna amistad, parece que quisieran encontrar un mejor postor o alguien único, ese que pueda salvarles la vida, les resuelva su aburrimiento o les satisfaga su anodina personalidad.

Quemados por malas praxis, o no estimulados hacia el cultivo de su cualidades o capacidades del intelecto, sólo se fijan en la ropa que usas, en el peinado que llevas, si tienes un defecto u otro, dándote la certeza de que nunca se han encontrado consigo mismos y por consiguiente, no se han observado bien. Sus escrutinios son superficiales, inoperantes y ridículos. Su intranquilidad ratonil, les lleva a comportamientos estereotipados que les impiden hacer juicios lógicos o profundizar en alguna buena idea para sí mismos, o para el entorno, en definitiva hacer algo productivo para los demás, la sociedad en general, algo que sirva para colocar un grano de arena en nuestra comunidad o civilización, algo útil que mejore cualquier cosa…Y si al final mueven un dedo, no lo hacen sin darle bombo y platillo, es decir, más «ruido que nueces».

Le temen al esfuerzo, a la tarea a largoplazo, a la fidelidad. Les asusta el trabajo cotidiano e intuyes que son sociables pero no te quieren encontrar. Viven para afuera sin que nada se les refleje adentro, huyen del compromiso pues nunca han conocido el placer que dan las relaciones auténticas, en suma lo catan todo pero no saborean nada, y lo que es peor, son una turba que está muy de moda. Conducen rápido, como si tuvieran algún sitio a donde ir, se agitan y lo miran todo sin ver nada. En suma, este comportamiento del siglo XXI de cortes involutivos, se me torna que es contagioso.

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