LA ESPIRITUALIDAD DE LA COMIDA por María Elena Moreno.

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Me he saltado todos los prototipos de la moda, soy yo, mi última tendencia, mi ultimo diseño, mi ultimo berrido, al fin y al cabo, me voy air al cajón de pino sin haberme gastado un duro en botox, siliconas y duras sesiones de gimnasio. He invertido mi dinero en comer fosfolípidos para aumentar la zona gris de mis mimadas células. Mi mundo es mío y como decía el sabio de la isla de El Hierro: Tadeo Casañas, mi secreto es que de lo que tengo, como lo que deseo en cada momento y da la casualidad, que mi desideratum consiste en comer algo en compañía. El alimento en compañía es lo que nos hace humanos y perfectos seres sociables. La comida en unión es sinónimo de gratitud y sintonía. Si además le añadimos sonrisas de complicidad, y se nos llenan los ojos de chirivitas de luz destelleante que despiden unas sanas pupilas llenas de efectuosa adrenalina, mucho mejor.

Dejemos la moda, la crítica de la estética, y la frívola vida de las pasarelas, obviemos a las momias acartonadas. Tertulianas que convierten con sus desafortunados comentarios, en un mundo de inútiles pompas de jabón. donde la aristocracia y el glamour de la belleza es objeto y sujeto de comentarios de un cretinismo tatal, donde se desahoga la envidia y los resentimientos, al desmenuzar y trazar paralelismos entre sus psicologías obtusas y los iconos del mundo del papel couché con la importancia de lo que representan. La vida es algo más, pero la industria de las últimas tendencias dá, para que muchos puedan vivir como si cobrara vida el retrato de Dorian Grey.

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