A PLENO SOL, EL INVIERNO FINALIZA…por María Elena Moreno.

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No es verdad que no se pueda hacer un alto en el camino, por muy ocupados que estemos, un aperitivo para cortar la jornada, al término del mediodía, nada mejor, que elegir el escenario donde convergen las tres energías. La fuerza telúrica de las rocas, la energía esplendente del sol y la salitre espumosa del bravío oleaje, rompiendo en los muros de piedra que sostienen las terrazas, por fuera del hotel restaurante «Puntagrande».

Basta elegir un amigo/a y disponerse, en medio de una distendida conversación, a degustar un aperitivo exquisito, por cierto, y asequible, si tenemos en cuenta, que estamos en uno de los sitios más bellos y emblemáticos de la isla de El Hierro, evocando los tiempos donde llegaban los veleros como «El maruja»que traía al almacén, donde hoy se ubica el hotelito que fue el más pequeño del mundo. Allí se desembarcó el espejo más grande venido de afuera, que hoy se encuentra en «La simpática» (Casino de Sabinosa»), tambié desembarcaban, entre otras mercancías, las tuberías para el agua y otros materiales, luego salían cargados de leña, higos pasados, chochos, vino, carbón etc, que transportaba un camión hasta el muellecito donde también había operativo un «pescante». Desde allí, partió un día el Valbanera, el vapor del naufragio fantasma. Todo cambia pero la paleta de colores de los días nítidos de azul turquesa y y verde esmeralda, que contrastan con el frío azul grisáceo de las mañanas nubladas, son inusitados, y conseguir también entre los ocres y negros acharolados de las rocas, las neblinas de la calima llenas de microscópicas gotas, que simulan las nieblas pantanosas, propias de películas donde arribaban los piratas.

Ahí me encuentro con m iamiga Loly, recordándo mis primeros piscolabis, hace más de un cuarto de siglo, en compañía de mi querido e insustituíble Leoncio.

Comprendo también la felicidad que experimentan los que se adentran con su barquita, o los que pescan con caña y sobre todo los que recargan pilas, simplemente recibiendo en el rostro la brisa que tonifica todos los sentidos.

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