CONGELAR AL MITO, Por Mª Elena Moreno

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En mi vida postrada ante Dios, tuve y tengo en mis manos al becerro de oro que rechazó Moisés, yo idolatré, amé, moría de éxtasis y por ello quisiera congelar a mis mitos, pues en su día creí, por ejemplo, que Phil Collins era un mensajero de Dios o más bien un extraterrestre genial y sin ningún defecto, quisiera dejar en stop esas imágenes, ese sentimiento donde llegué a la cima de la admiración, cuando mis padres fueron captados como dioses por mis retinas de niña venerante, congelar todos mis amores «perfectos», mis referentes, los cuales dibujaban mi sonrisa y mis ojos atónitos, también a los santos con los que me crucé en el camino. Contactados o no, fueron mi mundo mágico, incluso a los que amé atribuyéndoles bondades que no poseían. A los falsos de belleza exterior y ruinosa vida interior… Todos me inspiraron y he querido dejarlos impresos en mi imaginación como eran, antes de ser derribados por la enfermedad, cuando estaban en plenitud, enteros, creativos, fueras de serie, bellos/as como efigies romanas. Rememorarlos fuera de la decrepitud, de la impotencia, de la fea vejez, donde los defectos los tornan en caricaturas y donde sólo unos pocos ancianos consiguen seguir siendo bellos.

Es penoso, cuando el mito vive de los triunfos del pasado, se torna ridículo, despreciable, irrisorio. Pues pasados por el «colador» son pocos los que llegan a formar parte del cuerpo místico de Dios al final de sus días.

En esa dimensión han cambiado mis coordenadas, ahora adoro al consecuente, al limpio de corazón, al generoso, al que es como un niño, al valiente, al que evoluciona, al tenaz, al sacrificado, al héroe.

¡Señor! Concédeme el honor de pertenecer al ejército de los vehementes, los puros y los alegres, déjame entrar a tus huestes de ángeles, aunque sólo forme parte de la retaguardia. ¡Te lo suplico Señor! pues ya no puedo vivir en ambientes contaminados, rastreros y poco respetuosos con la Creación, y ya que no puedo recuperar los mitos, minimamente congelarlos, quizás en la otra vida los vuelva a encontrar en estado de perfección y tenga tu permiso para volverlos a ver y poderlos disfrutar. Es una humilde petición y una eterna oración.

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