SABER RETIRARSE, ES SEGUIR CAMINANDO POR OTRO SENDERO. Por María Elena Moreno.

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La elegancia es cosa de esqueleto, lo dijo un icónico famoso de la moda, cuyo nombre ahora no recuerdo. Además, hay una clase que se refleja en el rostro, y una actitud aristocrática, aunque no lo seas. Federer se va, se va porque ha llegado al final de la escalera del éxito y sabe dignamente retirarse a tiempo. Agradece todo: su talento, su familia, el calor de sus admiradores, el status y ganancias conseguidas durante el ejercicio de su deportiva profesión.

Tenemos malos ejemplos de quienes no saben irse sin amarguras, sin estrambóticas cirugías de payaso, tragedias a la hora de no poder seducir con una presencia ajada, como le ocurre a famosos actores y cantantes. Hay que saber decir adiós a una etapa, para adentrarse con dignidad en otros menesteres.

El cine español por ejemplo, es cansino, lento, reiterativo en las tomas, es la diferencia si lo comparamos con el glamour de la industria que tiene el cine estadounidense y otros. Saber elegir, cortar, sustituir; tres conceptos para muchos ininteligible. Hay oscarizados españoles, que se tenían que haber quedado fregando en su casa y figuras divinas de la interpretación como el carismático Arturo Fernández, la bella y natural Blanca Suárez, la destornillante humorista Lina Morgan, etc. Unos vivos y otros muertos que a pesar de su talento y méritos, no han tenido la debida cobertura o resonancia a nivel mundial.

Hay buenos referentes en ciertas joyas del cine sueco, italiano y francés, pero siempre me decanto por el cine de coproducciones anglosajonas y estadounidenses.

En España y lo digo con dolor, siempre lucen los mismos caretos almodovarianos, que empalagan y nadie se atreve a reemplazarlos cuando se trata de dar premios reiterativos, siempre arbitrarios y otras patrañas.

Lo bueno es que tenemos mandos de control remoto y otros artilugios en internet, pues individualmente, cada uno sabe hacer su `propio zapping, o similar, como otros recursos, para que dentro del panorama, no morir de aburrimiento.

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