POR QUÉ LLORAN LOS SÚBDITOS A ISABEL II, por María Elena Moreno.

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Lloran porque ante su largo reinado, ha dejado una impronta muy lógica, casi todos los asistentes al funeral fueron coetáneos unos, otros nacieron bajo el hechizo de su hegemonía, bebieron del cáliz de las esencias que suscitan las más hermosas tradiciones inmersas en un boato elegante, regio y no por ello carente de la belleza en sus más que elaborados protocolos, con elementos como desfiles y carrozas, que a todos cuando los contemplamos, nos transportan a nuestra infancia, donde nos contaban con mucho amor, cuentos de príncipes y nos regalaban cajitas de bombones «Quality Street».

Y es que emocionarse en un funeral, cuyos preparativos, datan de 20 años atrás, te sacude internamente, igual que las procesiones de Semana Santa en Sevilla, el camino de Santiago cuando llegas finalmentea a la catedral, las Bajadas de la Virgen en el Hierro, las cabalgatas de Reyes, y tantas cosas que despiertan a través de los sentidos, ese rayo de romántica fe, que sugieren los símbolos, escudos, banderas y preciosos himnos de trompeta, que evocan imperios, religiones, añejos castillos y soldados uniformados en perfecta formación, cuya belleza se nos remonta al deseo infantil de poseer los soldaditos de plomo, aquellos que coleccionábamos con infinito placer durante la adolescencia, en años que nunca volverán…

Lloran porque se excita la mente y se llena de emociones, por donde afloran las lágrimas, desde la humildad de súbditos, se acepta que no todos podemos estar señalados para ser icono de multitudes, no todos sostendremos báculos ni cetros de oro, pero nuestra vulnerabilidad necesita la figura de los padres, sumos sacerdotes y emperadores que sustituyen en la tierra la autoridad de Dios, y nos hace fuertes tener ideales de dominios, de pertenencia y de pasión.

Lloran, porque se desahoga el ansia y la melancolía de vivir en paralelo una historia de hadas, que todos llevamos dentro del corazón, un sueño diario que destapa nuestra inocencia de niños, porque ellos, vislumbran un mundo perfecto de lealtades, honestidad, nobles ideales, y la satisfacción de poder venerar los estandartes de la unión como señales de identidad, porque como decía mi abuela, es saludable la sensación de pertenecer a algo o a alguien.

Lloran porque llevamos dentro la maravillosidad, a la vez que el amor a lo que significan los espíritus de alas brillantes, los elfos en los bosques, las blancanieves y los príncipes que queríamos haber sido, de almas nobles y resoluciones al estilo supermán, que nos rescata en el aire y evita nuestro triste final.

Quizás lloran cuando muere nuestro ideal y nuestro sueño en forma de féretro lleno de flores, camino del cementerio, para ser también súbditos en los reinados del cielo, y dormir acurrucados en el manto de Dios..

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