ÚLTIMO ARTESANO DEL MIMBRE

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                      CRÓNICAS PRETÉRITAS

                       Por Donacio Cejas Padrón

             VICENTE PADRÓN QUINTERO

          ÚLTIMO ARTESANO DEL MIMBRE EN 

                             SABINOSA

En los últimos tiempos en nuestra isla,  se ha dado en hablar mucho de los antiguos pobladores de nuestra  tierra, Los Guanches, lo cual me parece muy bien,  pero yo opino  que se ha magnificado exageradamente las consecuencias de su larga estancia  en El Hierro, mil años  poco más o menos, y mi criterio  me lo enseñó  a valorar mi profesor de  historia  el Catedrático D. Ángel Portugués, en el instituto Nacional de Enseñanza Media de Las Palmas, que también lo tuve en mis años de carrera en La Escuela de Magisterio de la misma ciudad, entre otras cosas nos decía el ilustre profesor, que los guanches  que habitaron en El Hierro, vinieron del Norte de África,  era un pueblo salvaje, que fueron expulsados por Los Romanos del Norte de Europa,  que los dejaron abandonados en El Sur de la isla, sin ningún tipo de herramienta, sin aperos de labranza, que no conocían la agricultura, y que se dedicaron al pastoreo de cabras, algunos perros, y poco más,  y que vivían fundamentalmente de la pesca  con los medios más rudimentarios, y del marisqueo de lapas y burgados. No tenían nociones para la construcción, sus viviendas eran cuevas más o menos protegidas del  sol y la lluvia, y sus recipientes para transportar agua eran los llamados foles de piel de cabra. Tampoco  eran – siempre de acuerdo a lo que nos enseñaba el nombrado profesor-  ni atléticos ni de gran estatura, ni sus mujeres eran tan guapas como se ha querido decir, sus rasgos correspondían   en parecido con los de los actuales  africanos en general de  piel cobriza, flacos, enjutos,  y sin  apreciable musculatura. De todas las maneras, esa es una teoría, y yo siempre he respetado la opinión de otros historiadores y profesores.

Sus únicas herramientas eran las piedras afiladas, y sus vestidos eran de piel de cabra.

No dejaron ninguna evidencia de sus rasgos culturales más que  los frecuentes concheros en varios pueblos, uno de ellos muy importante en Las Lapas, otro en Guinea, y algunos por el Sur de la isla, y los letreros en la zona de El Pinar cuyo significado me parece   que no se ha logrado descifrar. 

Con el debido respeto a todas las teorías y opiniones, yo pienso que por el contrario en nuestra isla, antes y ahora, no se le ha  rendido el verdadero tributo que se merecen los primeros pobladores europeos que vinieron con los conquistadores, de distintas procedencias por todos conocidas, y que fueron los que trajeron la agricultura, primeramente la viña y las higueras, los cereales, frutas y otros alimentos.   Vinieron personas con conocimientos muy variados, y se acompañaron ya con bestias de carga, burros y mulas, mulos etc.  y al mismo  tiempo vinieron los artesanos que sabían  confeccionar las albardas para estos animales, vinieron maestros pedreros, herreros, albañiles, carpinteros,  vinieron los maestros cesteros, que dominaban perfectamente a los mimbres y cañas, vinieron zapateros, constructores, etc. basta con  hacer una relación de los grandes caminos que construyeron por toda la isla, especialmente El Camino de Jinama, y todos los demás.

En lo que respecta a los cesteros o maestros del moldeado de los mimbres y cañas, yo siempre he sentido admiración por esos hombres que en todos los pueblos se dedicaban  a la construcción de cestos, serones,  cestos de carga- que eran muy grandes-  barquetas, rapozas,  canastas, forros  para garrafones y barrilotes,  y muchos recipientes más, que eran  de uso diario entre la poblacion herreña.

Entre los artesanos del mimbre en Sabinosa , ahora ya jubilado, entrevistamos a mi estimado amigo Vicente Padrón Quintero, emigrante como yo en sus años mozos a Venezuela, donde me cuenta que trabajó en diferentes actividades, en el mercado, de taxista, y ultimamente  siendo propietario de un restaurante en la ciudad de Caracas. Regresó joven a nuestra tierra, junto a su esposa Clari, y volvió a vivir en su pueblo de Sabinosa, su esposa se dedicó al comercio en  la tienda de D. Lucas Quintero, y Vicente adquirió una acción en la Cooperativa de Transportes de viajeros donde se ocupó de taxista, y llevando los niños al colegio, hasta su jubilación.

Pero además, a su regreso de Venezuela  retomó la ocupación que le había visto a su padre D. Antonio   Padrón, desde niño, cual era trabajar los mimbres y las cañas, y poco a poco se fué entusiasmando  más cada día en esa labor, obtuvo su título de artesano, y terminó ocupando la mayoría de su tiempo en esta actividad, en razón de la cual acudía a ferias insulares y fuera de la isla; logrando  buenas ventas de  envases de mimbre, me cuenta que en la parte alta de Sabinosa donde llaman El Derrabado había gran cantidad de plantas de mimbres y cañales, con lo cual siempre tenía material para sus trabajos, cumpliendo la costumbre muy necesaria de llevar los mimbres al mar, y sumergirlos en agua salada durante varios  días,   requisito imprescindible para poder ser trabajados.

Había tambien otras personas que se dedicaban  al trabajo de los mimbres en Sabinosa como D. Juan Padrón,  su hijo, y ahora su nieto que vive en El Pinar, y D. Juan Hernández Pérez, ya fallecido. Por lo tanto ahora  no queda nadie en Sabinosa que trabaje los mimbres, y las mimbreras ya no se podan ni se cuidan, con lo cual terminarán desapareciendo, una verdadera lástima que se pierdan esas plantas  que deberían ser conservadas con gran celo, pues representan el testimonio  de un pasado interesante y determinante en la historia de nuestro pueblo.

También me ha apasionado el estudio de otras artesanías como los talladores de piedras, en casi todas las casas de siglos pasados, las esquinas de las construcciones estaban  construidas pos largas piedras talladas que se cruzaban entre sí en el ángulo de la esquina para darle fortaleza a la pared, testimonio singular de  lo que sabían hacer estos artesanos son por ejemplo las columnas y arcos  de La Iglesia de Candelaria, que llevan más de dos siglos en perfecta verticalidad.

Apuntes para la historia

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