DOS FIGURAS IRREPETIBLES

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CRÓNICAS PRETÉRITAS

             Por Donacio Cejas Padrón

      DANIEL GONZÁLEZ, GRAN TOCADOR DE  PITO.

      ZOILO MENDOZA BAILARÍN POR MUCHOS  AÑOS.

      DOS FIGURAS IRREPETIBLES

Mi modesta crónica de este domingo, se la dedico con mucho gusto a dos queridos amigos, que han sido figuras emblemáticas de nuestra isla en todas nuestras fiestas y procesiones, Daniel como tocador de pito, y Zoilo haciendo de bailarín.

Conocí a Daniel en los lejanos tiempos de nuestra juventud, practicante  de la lucha canaria en su equipo Ferinto de Isora, en los años de Barbuzano, y desde entonces nuestra amistad  ha sido constante  en el tiempo,  la cual hemos transmitido a nuestros hijos, que  igualmente  la mantienen entre sí, para gran satisfacción nuestra, y ahora también de nuestros nietos.

Emigramos ambos a Venezuela por los años sesenta del pasado siglo, y allí no tuvimos gran contacto en razón de nuestras respectivas residencias, él se ubicó en Caracas, y a mi me aventó el destino al oriente, en la ciudad de Puerto Ordaz, y por lo tanto poco nos vimos allí.

Pero en mil novecientos setenta y tres, nos encontramos de nuevo en nuestra tierra, él se quedó a vivir aquí y yo lo hice unos años después, y desde entonces hemos mantenido una constante relación de amistad muy gratificante para nosotros mismos y para nuestras familias.

Creo que por esas fechas se le despertó a Daniel la afición de hacerse tocador de pito, y me contó que se puso en contacto con D. Gregorio  Padrón, gran maestro en ese arte, y con paciencia y constancia, asistiendo casi a diario a su casa de Las Toscas, logró aprender y muy pronto ya lo veíamos en todas las fiestas y procesiones formando parte del grupo de tocadores. Con su grupo de bailarines de su pueblo de Isora intervino en varias Bajadas, y desde entonces la presencia de Daniel en todas las fiestas de los pueblos era habitual, hasta hace poco tiempo en que por razones de salud, ha tenido que dejar esta afición que tantas satisfacciones le producían.

En años pasados, Daniel y un grupo de herreños formaron en Tenerife  un grupo de bailarines que eran invitados a participar en muchas fiestas  religiosas de los pueblos de Tenerife y de otras islas, por lo tanto, Daniel pasará a la historia además de  por su condición entusiasta de tocador del pito, como impulsor a las nuevas generaciones del costumbrismo de nuestra isla, dentro y fuera de ella. Quiera Dios que su salud mejore y podamos de nuevo disfrutar de su presencia en tantas fiestas y procesiones.

Zoilo Mendoza, natural de La Cuesta, en San Andrés, es otro amigo muy estimado por  mi familia, su esposa Juanita, es amiga  de mi esposa desde su juventud, y entre las dos familias hemos logrado con gran satisfacción que nuestros hijos se quieran como verdaderos amigos, y Zoilo hijo, con su figura espigada es un gran bailarín y lo vemos en todas las fiestas y procesiones, casi siempre haciendo pareja con su padre, precisamente ayer en La Fiesta de San Andrés bailaron juntos padre e hijo, de ello hablaré  en otra crónica que con mucho gusto le dedicaré a Zoilo padre.

Me cuenta Zoilo que empezó a bailar desde muy niño, y que ya en La Bajada de  mil novecientos cincuenta y tres estuvo presente, y que considera que seguramente él será  uno de los bailarines herreños que más tiempo se ha mantenido bailando,  y que posiblemente  ayer haya sido su última participación en una procesión como bailarín.

A su regreso de Venezuela  en los años setenta se radicó a vivir en Tenerife, dedicado a la construcción de edificios, pero con viajes muy  frecuentes a nuestra isla, pues además,  ha practicado siempre la afición de la pesca deportiva, yo creo que  aún lo sigue haciendo.

Durante muchísimos años Zoilo ha sido una figura emblemática dentro del grupo de bailarines de San Andrés, además un gran colaborador e  impulsor para la preparación de todas las fiestas,  siempre lo hemos visto colgando banderas y adornos en el pueblo y ayudando en todo cuanto ha sido necesario.

Esta sencilla crónica dedicada a dos queridos amigos pretendo  que sea un humilde testimonio de mi admiración por ellos, y que refleje el sentir de  todos los que hemos tenido la suerte de ser sus amigos.

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